sábado, 5 de junio de 2010

Kinesiotaping y estabilización funcional: adiós a las escayolas

Es curioso cómo, a veces, una idea que se adopta casi deprisa y corriendo para solucionar una situación puntual trasciende a lo largo del tiempo y se convierte en el tratamiento de primera elección sin apenas cuestionárselo. Con esto me refiero a las escayolas, un recurso ideado por un cirujano militar en 1852 que consistía en impregnar los vendajes con yeso para estabilizar las fracturas en pleno campo de batalla mientras los soldados heridos eran trasladados a un lugar seguro.


El caso es que este armazón blanco pronto salió de las contiendas bélicas y, a pesar de que poco después ya había especialistas que abogaban por la recuperación de lesiones respetando al máximo la biomecánica articular, los yesos todavía se ponen con más frecuencia de la que deberían y, lo que es más importante, durante un tiempo excesivamente prolongado que causa más mal que bien.

Todos hemos sido testigos en alguna ocasión de que, una vez que se quita este ‘caparazón’, sobrevienen los verdaderos problemas, puesto que se producen secuelas (hormigueo, pérdida y atrofia de la masa muscular, descoordinación motriz, debilidad muscular, contracturas, dolor residual, desmineralización ósea…) que requieren un tratamiento, esta vez sí, largo y no siempre sencillo.

Y ¿por qué se producen estos inconvenientes? Pues porque la inmovilización prolongada también ralentiza la cascada de reacciones reparadoras que siguen a un traumatismo musculotendinoso.

Cascada reparadora del organismo

Cuando sufrimos un percance en huesos, músculos o tendones, el organismo activa un complejo proceso de cicatrización para curarlo con el objetivo de que estas estructuras vuelvan a desempeñar la función que tenían antes.

En primer lugar, se produce un hematoma que se extiende a las zonas adyacentes. En pocas horas, este hematoma origina un coágulo dentro del que se forman unas redes de fibrina, una proteína con capacidad para formar redes tridimensionales, que va enlazando los fragmentos resultantes del traumatismo sufrido.

En los días siguientes proliferan montones de células inmaduras en el entorno de la lesión hasta repararla por completo. Este proceso dura aproximadamente un mes, pero si colocamos una inmovilización permanente y rígida estamos evitando que el aporte sanguíneo en esta área sea óptimo.

Teniendo en cuenta que la sangre es el vehículo que transporta el oxígeno y todos los nutrientes necesarios para que los tejidos sanen, este impedimento no parece muy conveniente.

No obstante, es cierto que en una situación de estas características, los especialistas nos enfrentamos a un reto doble y aparentemente contradictorio.

Por un lado, hemos de procurar la estabilidad suficiente en la lesión para que no se produzcan daños mayores (huesos astillados que hieran partes blandas cercanas, esguinces que terminen en una rotura total del ligamento…), pero por otro debemos favorecer la reparación de los tejidos y evitar que aparezcan todas las secuelas mencionadas anteriormente.

La manera de lograrlo es mitigar cuanto antes el dolor causado por el traumatismo, ya que éste es uno de los principales factores que hacen que el paciente se bloquee para, lógicamente, protegerse.

Una vez evaluado el alcance de la lesión y eliminado el dolor hay que iniciar el tratamiento y la rehabilitación cuanto antes. En iQtra, ya lo hemos mencionado en post anteriores, somos firmes defensores de la recuperación precoz no sólo porque los tiempos de curación se acortan enormemente, sino también porque la funcionalidad y la ausencia de efectos adversos tras la lesión son prácticamente totales.

De esta manera, nosotros apenas utilizamos yesos convencionales y los hemos sustituido por estabilizaciones funcionales y vendajes terapéuticos; alternativas que nos permiten lograr este equilibrio entre inmovilización y flexibilidad.

Estabilización funcional

Para ello, empleamos una larga lista de dispositivos disponibles. Eso sí, siempre en función de la lesión e, incluso, de las preferencias del paciente.

Así, tenemos grandes vendajes impregnados de polímeros que adquieren cierta dureza sin llegar a la rigidez total, cabestrillos y férulas fabricados en nylon provistos de tiras de velcro para ajustar, quitar o poner el inmovilizador según las necesidades del paciente… toda una serie de artilugios mucho más ligeros, más cómodos y mucho más eficaces, que es de lo que se trata.

Dentro de estas opciones destaca sin duda el denominado kinesiotaping, una llamativa forma de vendar que se hizo popular hace años gracias a los jugadores de la NBA, muchos de los cuales saltan a la cancha provistos de varias tiras adhesivas de vistosos colores.

Estas vendas han supuesto un verdadero revulviso en estabilización funcional. En realidad no son más que piezas similares al esparadrapo que el especialista recorta con la forma y la medida de la zona que quiere tratar.

Las bandas se colocan estratégicamente de manera que realicen un sutil mecanismo de tracción donde se necesita, corrijan una determinada postura incorrecta durante el tiempo que haga falta o alivien un dolor residual derivado de un movimiento determinado.

Los vendajes se colocan normalmente después de las sesiones de rehabilitación y pueden no tener la misma colocación a lo largo de un mismo tratamiento, ya que se adaptan a la evolución del paciente. Alivian el dolor, permiten hacer vida normal, reeducan el sistema neuromuscular y mejora la circulación linfática y sanguínea.

El hecho de que sean de colores ayuda a los que las ponemos a visualizar el efecto que queremos conseguir sobre la zona dañada; además de que a los pacientes infantiles les resulta menos agresivo que las aparatosas escayolas de toda la vida.

En definitiva, disponemos de una gran cantidad de alternativas para estabilizar la zona lesionada en el momento oportuno sin restar movimiento y funcionalidad a la misma. Por este motivo, la próxima vez que le planteen la colocación de un yeso tradicional, al menos, cuestióneselo.

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